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martes, 9 de enero de 2024

Las facciones de nyerros y cadells en el Principado de Cataluña.

 Alejandro Ruiz Criado

El bandolerismo y la inseguridad fueron rasgos que definieron de manera importante a la sociedad catalana de los siglos XVI y XVII. Esta conflictividad está relacionada estrechamente con el contexto económico y social del Principado en ese tiempo, caracterizado por el crecimiento demográfico, (favorecido, entre otros factores, por la importante emigración francesa hacia Cataluña) y por otro lado por la situación social, con una nobleza en franca decadencia1, con muy pocas oportunidades en el gobierno del Principado, la Iglesia y la Corte. Los puestos más comunes dentro de Cataluña eran en la Diputación y en los gobiernos municipales (en estos sólo a partir del siglo XVII). En la Iglesia la mayoría de los obispados eran ocupados por eclesiásticos venidos de fuera; las aspiraciones de la nobleza en este campo quedaban casi reducidas a las canonjías, mientras que en la Corte la mayoría de los puestos eran ocupados por los castellanos; la alternativa de realizar una carrera militar en otros territorios de la monarquía fue elegida por un porcentaje muy pequeño.2

Esta situación tendría consecuencias importantes. Por ejemplo, la participación de la nobleza en el fenómeno del bandolerismo y en las facciones banderizas. Como dice Elliott, los nobles catalanes, en su decadencia, ''empeñaron sus energías en enemistades y venganzas''.3 En efecto, el Principado acabó asolado por las acciones de bandidaje producto de las guerras privadas de los nobles. Los intentos de la Corona de frenar las mismas fracasaron debido a su debilidad en el Principado. Por tanto, nos encontramos ante el hecho de que en el bandolerismo la nobleza tiene un papel fundamental.4 La guerra privada y el bandolerismo se convierten en dos fenómenos profundamente imbricados.

Por tanto, hay que tener en cuenta este factor a la hora de explicar la naturaleza del bandolerismo, ya que este no sólo se puede entender considerándolo una respuesta al crecimiento demográfico y al exceso de población, como han hecho algunos historiadores. Esto queda demostrado al comprobarse que los periodos en los que el bandolerismo es más intenso no coinciden con aquellos en los que la población alcanza sus cuotas máximas. De hecho, cuando la población llega a su cifra máxima y la presión demográfica es mayor (alrededor de la segunda y tercera décadas del siglo XVII) es un momento de decadencia del bandolerismo, si lo comparamos con los inicios de la misma centuria. Tampoco se puede simplificar este fenómeno diciendo que es producto de la presión demográfica de las zonas de montaña de Cataluña hacia el resto del Principado.5 El sistema de herencia podría haber contribuido a que muchas personas desheredadas por sus progenitores se inclinasen hacia el bandolerismo para subsistir, pero no puede considerarse como la única causa.6

Los enfrentamientos nobiliarios afectaban a toda la población del Principado, pues en sus pendencias arrastraban a parte de esta, en muchas ocasiones desempleados o vagabundos.7 (aunque también hay que reseñar la existencia de bandosidades y guerras privadas populares, que tenían como protagonista a las clases bajas de la sociedad).

A grandes rasgos estos conflictos se plasmaban en las luchas entre dos facciones, la de los nyerros y la de los cadells, cuyos estragos se pueden ver en todos los sectores de la sociedad catalana de la época. Un fenómeno que, por otro lado, era común en muchos territorios de la Europa mediterránea.

Se han dado muchas explicaciones acerca de la naturaleza de dichas facciones o bandosidats.8 Se han querido ver diferencias entre ellas de carácter político o social. (Por ejemplo, que los nyerros eran los defensores de los señores y sus derechos, mientras que los cadells lo eran de los habitantes de las ciudades; o que los cadells eran el partido de la Corona, mientras que los nyerros era el partido de la terra, como reflejo del enfrentamiento Cataluña-Madrid.)9 Sin embargo, no hay pruebas claras que permitan sustentar estas teorías, que por otro lado tuvieron notable predicación en la historiografía catalana del siglo XIX.10 Otro historiador de ese momento, Pablo Parassols, atribuyó los orígenes de las facciones de los nyerros y cadells a unas supuestas rivalidades feudales que tuvieron lugar en la plana de Vich en el periodo bajomedieval.


Actualmente, historiadores como John H. Elliott y Xavier Torres han identificado el origen de estas facciones en las zonas montañosas del norte, en concreto entre los señores de Arsèguel en la Cerdaña y los señores de Nyer en el Coflent, esto es, las familias de los Cadell y los Banyuls. La rivalidad entre ambos linajes no se podría remontar a tiempos remotos, como lo hacen las explicaciones anteriores, sino que nacería en ese mismo siglo XVI. Las luchas entre Joan Cadell y Tomàs de Banyuls, que se clarifican a principios de la década de los ochenta del Quinientos, sigue un esquema bien prefijado. En un primer momento, Joan Cadell, (cuyo hermano Galcerán era uno de los bandoleros más activos del momento11) como veguer (funcionario real que ejercía como representante local del soberano, al gobernar una veguería12) del Coflent, dirigió la persecución de los bandoleros liderados por Tomàs de Banyuls, que acabó siendo vencido y desterrado fuera de Cataluña. Pero unos años después, ya en la década de los noventa, la situación fue la inversa, ya que Tomás de Banyuls colaboró activamente en el ejército real en el asedio del castillo de Arsèguel, el centro de poder de Joan Cadell13 (convertido en un refugio de bandoleros).14 Los conflictos y rivalidades entre familias era algo muy común y, de hecho, a través de esa serie de litigios se fue conformando el sistema bandos y filiaciones. La luchas entre Cadell y Banyuls pronto se integró en ese amalgama de lucha y violencia, y a su favor se inclinaron otros grupos y familias del entorno. En este sentido, comprobamos como los Cadell mantienen una relación de alianza con otras familias, como los Llupià y los Cruïlles, mientras que los Banyuls tenían como aliados a otras, como los Vilanova y los Tragó.

A finales de la centuria esta denominación se había extendido ya por todas las regiones del Principado.15 Las facciones locales que ya existían acabaron adoptando las nuevas denominaciones.

Una pregunta fundamental que ha de hacerse es sobre cómo es posible que los términos de nyerros y cadells, si fueron unas denominaciones que tienen su origen en los enfrentamientos entre unos nobles poco importantes que tenían sus dominios en la lejana área pirenaica, se extendieran por todo el Principado y sirvieran para designar a las dos facciones que van a dominar todos los ámbitos de la vida social catalana. Xavier Torres explica esto atendiendo a las relaciones familiares, clientelares o feudales que ambos señores tenían a lo largo del Principado, relaciones, por otro lado, que aún continúan siendo, en muchas ocasiones, poco conocidas. No es desdeñable las relaciones que la pequeña o media nobleza mantenían con los grandes señores catalanes. Por ejemplo, los Cadell tendrían relaciones estrechas con los duques de Cardona y los Banyuls serían feudatarios del Vizconde de Évol. Esto es fundamental para comprender la naturaleza de los conflictos y de la inestabilidad social de este momento en el Principado.

Estas relaciones también se extenderían a miembros de las instituciones gubernativas como son la Diputación o la Audiencia (y también el Consejo de Aragón).16 De esta manera, el conflicto entre bandos penetraba directamente en los engranajes del gobierno del Principado y vehiculaba una clara división en el seno de la sociedad, que determinaban fuertemente las relaciones entre los diversos actores. Ni el virrey quedaba, en muchas ocasiones al margen (sobre todo si era catalán). Un ejemplo es el del virrey Joan Terés, también arzobispo de Tarragona, que gobernó sólo un año (de 1602 a 1603) y que aparece claramente identificado como nyerro en las fuentes.17

Otro ejemplo de este conflicto lo proporciona la acción de los bandoleros (que respondían, por supuesto, a estas filiaciones) en los condados del Rosellón y la Cerdaña, en la frontera con Francia. Hay que tener en cuenta la existencia de una frontera permeable, en el sentido de que existía una importante movilidad entre los habitantes de ambos lados. Se han conservado muchos testimonios de asaltos y saqueos a pueblos de la zona provocados por bandoleros procedentes del otro lado de la frontera. Hay que citar aquí algunos de los responsables de estas correrías, como los provenientes del condado de Foix (ese condado aparece en las fuentes como el lugar originario de muchas de esas correrías18) e incluso señores del pirineo catalán, que tenían al otro lado de la frontera apoyos y a la que podían escapar habitualmente cuando se encontraban perseguidos. La complicidad entre bandoleros catalanes y extranjeros aparece claramente reflejada en las fuentes.19 Todo ello, por supuesto, no puede considerarse sin tener en cuenta la situación política, normalmente muy tensa, entre la Monarquía Católica y el reino francés, que en muchas ocasiones daba lugar a una guerra declarada.20

Por otro lado está la cuestión religiosa, pues no hay que olvidar la importancia de la difusión del calvinismo en Francia, cuestión que había provocado una serie de guerras civiles en la segunda mitad del siglo XVII. El sur del país fue uno de los lugares donde con más fuerza arraigó y eso tuvo sus consecuencias en el otro lado de la frontera, donde se buscaba por todos los medios evitar la expansión de la herejía en tierras de la Corona. Y esto no fue ajeno a las luchas de bandos y a los saqueos en la zona. En efecto, nos hallamos con testimonios y acusaciones que afirman la afinidad de los bandoleros a favor de los hugonotes. Sin embargo, no se ha podido establecer una relación clara entre ambos fenómenos. No se puede explicar el bandolerismo recurriendo sólo a la cuestión religiosa, sino que sus motivaciones serían, más bien, provocadas por las luchas de carácter feudal21 (por ejemplo, las rivalidades y conflictos abiertos entre el obispado de La Seo de Urgel y el Condado de Foix22). Existen varios ejemplos, de ataques y razias de bandoleros católicos catalanes (pues estos ataques no solo se producían unilateralmente de un lado a otro) a aldeas y lugares de población católica.23 Aunque es cierto que en las correrías mencionadas participarían hugonotes, también es cierto que no se puede establecer una relación estrecha entre bandolerismo y heterodoxia religiosa, así como no se puede tampoco relacionar a los miembros de una determinada facción o bandosidad con los hugonotes; a la hora de establecer relaciones y filiaciones en las zonas de frontera, primaban más otras circunstancias (como la proximidad geográfica) que la cuestión religiosa (por ejemplo, hay evidencias de hugonotes participando en las fuerzas de algunos señores catalanes, mas eso no quiere decir que estos hubieran abrazado el calvinismo).24

Por otra parte tenemos estudios y monografías sobre las luchas de nyerros y cadells en un plano más local. Podemos destacar el conflicto de ambas facciones en la ciudad de Vich, bien conocido en la historiografía (recordemos que Passarols situaba en esta localidad el origen de ambas).25

Por lo tanto, se ha evidente que la cuestión del bandolerismo es una cuestión compleja que no puede ser llevada a simplificaciones excesivas, a riesgo de caer en esquemas poco precisos. Este bandolerismo llegó a su cenit en los primeros años del siglo XVII,26 un periodo de especial debilidad de la Corona, gobernada en ese momento por Felipe III y su valido, el duque de Lerma, un momento de divorcio entre la autoridad real, representada en el virrey, y la nobleza catalana.27 En esos años triunfaron bandoleros como Perot Rocaguinarda, idealizado por la literatura castellana del Siglo de Oro. Sin embargo, a pesar de las imágenes idealizadas que muestran a los bandoleros como figuras populares apoyadas por el pueblo, al que defienden de las injusticias de los poderosos, esto no fue así en el bandolerismo catalán del Barroco, sino que más bien fue un bandolerismo asocial, siguiendo la terminología de Xavier Torres, es decir, apoyado por sectores muy poderosos dentro del esquema social. El bandolerismo popular sería una excepción (curiosamente los elementos que hacen referencia a los bandoleros en el folclore catalán son mínimos, al contrario de lo que pasaba en la literatura castellana del momento). Pero esto no quiere decir que no existiese episodios de colaboración entre el pueblo y los bandoleros; algunos historiadores han hecho hincapié en varias fuentes en las que se habla de una colaboración entre ambos sectores. Tal y como dice Elliott, entraban en liza factores como el miedo al bandolero o el respeto a su figura. Hay que tener en cuenta, por tanto, gran cantidad de factores y motivaciones para explicar las relaciones del pueblo con el bandolerismo, muchos de los cuales continúan en penumbra.28

A partir de 1616, con la acciones del nuevo virrey catalán, el duque de Alburquerque, la situación va a cambiar. Este virrey llevará a cabo una política muy dura contra los bandoleros, proclamando un sometent general29 y persiguiendo a los bandoleros con acciones expeditivas, en ocasiones contrarias a las constituciones del Principado.30 Gracias a ello, el bandolerismo va a decaer, aunque podemos ver en años posteriores figuras muy importantes como el bandolero nyerro Serrallonga, que sería ejecutado en 1634. Vemos, por tanto, que la actividad del Duque de Alburquerque no consiguió el fin del bandolerismo y las facciones, pues, continuarán durante mucho tiempo, si bien adoptando otras características y denominaciones.

En definitiva, nyerros y cadells era una terminología que se empleaba para designar a los bandos en luchas, rivalidades y conflicto de todo tipo. No tenían ideología, ni un programa político específico que les diferenciase del contrario. Sus motivaciones no eran las de transformar la estructura social y política; sus aspiraciones pasaban por asegurar el dominio social y político de entre los miembros de cada facción. Miembros que se configuraban atendiendo a relaciones personales, familiares, vasalláticas o clientelares. En este sentido, se ha llegado a reseñar el carácter mafioso de estas bandosidades.31 Como bien dice Xavier Torres, nyerros y cadells fueron, ante todo, el lenguaje nativo de la facción y la vendeta.

Pero, ¿cuál fue el papel de las facciones de nyerros y cadells en la rebelión de 1640 y la guerra de los Segadores? ¿estas facciones pervivían aún, o, por el contrario, se habían diluido ya con el declive del bandolerismo años antes? En efecto, nyerros y cadells todavía existían en ese momento, y se pueden rastrear varios testimonios de su continuidad en la guerra. El enfrentamiento entre ambas facciones se ha empleado para explicar las divisiones y los conflictos entre individuos prominentes durante el conflicto, al igual que se ha intentando explicar las adhesiones de uno y otro bando en base a esas filiaciones. Si bien todavía queda mucho oculto a los ojos de los investigadores, y muchos casos no se conocen del todo bien, no cabe duda de la persistencia de ambos bandos. La enemistad entre nyerros y cadells sería, pues, una de las fracturas que se hallarían a flor de piel en el seno de la sociedad catalana y que se manifestaría de manera violenta durante la guerra32 pero que ni mucho menos puede considerarse determinante a la hora de explicar la revuelta. Por otro lado, muchas de las fuentes del momento dan informaciones poco claras y contradictorias, que llevan a pensar que las acusaciones de pertenecer a una determinada facción en muchas ocasiones se convertía en un lugar común, basadas en algunos argumentos muy débiles o inexistentes.

Eso no impide que tengamos casos claros de la actuación de estos bandos durante el conflicto. Bandos que, por otro lado, evolucionarían a lo largo del mismo, acabando por adoptar denominaciones y características diferentes. Existiría, pues, una transformación, pero no un fin, de estos bandos. De hecho, se pueden rastrear rivalidades particulares y familiares, vertebradas por las filiaciones de nyerros y cadells, hasta muchos años después de que dicha terminología hubiera desaparecido. Ahora estos conflictos aparecerían bajo otras denominaciones y formas, perpetuándose más allá en el tiempo.

Existen algunos ejemplos: el caso del capità general de l'exercit christià, un misterioso personaje erigido como líder en los primeros momentos de la rebelión popular, y un nyerro, como se afirma en un documento consultado por Elliott.33 En él, se dice (aparte de dar más información sobre esa figura, que parecía ser un fugitivo condenado a galeras) que ''se reconocía que afligía más tiranía por la enemistad de sus bandos, a los pueblos que se llaman Caderes, por seguir al de los Narros''. Por tanto, se evidencia el hecho de que las filiaciones marcaban de forma determinante, en muchas ocasiones, las actitudes y los comportamientos de los protagonistas del conflicto. Algunos autores han querido ver, a la hora de explicar las adhesiones a Luis XIII o Felipe IV, la influencia de estos partidos y filiaciones. En este sentido ciertos historiadores, como Elliott o Sanabre, han indicado que las rivalidades y los conflictos que surgieron entre los partidarios de Francia durante la guerra de los Segadores podría tener que ver con las facciones de nyerros y cadells.34 Debido a esto algunos han querido identificar así a un partido a favor de la Cataluña francesa, mientras que la facción contraria, los nyerros, estarían a favor de los felipistas. Esta situación, sin embargo, no parece sostenerse. Durante la rebelión podemos ver, entre sus dirigentes más destacados, a nyerros y cadells, sin que la rivalidad de las facciones parezca impedir una unidad de acción.35 El dominio de los cadells, según algunos historiadores, se habría producido ya con el conflicto avanzado. La influencia cadella en el gobierno de la Cataluña profrancesa habría estado determinada por el creciente poder de la familia Fontanella.

Sin embargo, eso no evitó el conflicto que tuvo lugar en el seno del gobierno de la Cataluña francesa, que por un lado enfrentó a la familia de los Fontanella, que había copado importantes puestos en el gobierno (sin ir más lejos, Joan Pére Fontanella era conseller en Cap del gobierno de Barcelona, y su hijo Josep, Regent de la Cancellería) y que además estuvieron apoyados por personajes destacados como el militar Josep d'Ardena, comandante de la caballería; y por otro la facción dirigida por el gobernador Josep Margarit, que, curiosamente, también era un cadell destacado.36

Por tanto, el faccionalismo en la política catalana de ese tiempo no sólo se vertebraba por las denominaciones tradicionales de nyerros y cadells. La cuestión se enreda aún más cuando se ve que muchos personajes del conflicto muestran una filiación dudosa o contradictoria, según las fuentes. Un caso muy significativo es el de Tomàs de Banyuls, el señor de Nyer, profrancés que ejerció el cargo de gobernador de los Condados del Rosellón y las Cerdaña entre 1643 y 1650 tras su nombramiento por Luis XIII; en algunas fuentes es denominado chef des gnaries, o jefe de los nyerros mientras que en otras lo identifican como cadell, atendiendo a las estrechas relaciones que mantenía con el mencionado Joan Margarit. Cosa extraña si tenemos en cuenta que justamente la denominación de nyerros viene del señorío de Nyer. Por otro lado, el representante más destacado de la familia de los Cadells en ese momento sería F. de Pascual i Cadell, cadell como no podría ser de otra manera, y, además, felipista, contrario, por tanto, a Joan Margarit, Fontanella u otros partidarios de Francia. Sin embargo en ese momento es difícil hablar ya de un conflicto entre los Banyuls y los Pascual-Cadell, en todo caso, bajo los términos en los que se produjo el enfrentamiento que dio nombre a las facciones cincuenta años antes. De hecho, parece que las relaciones de ambas familias, durante la década de 1650 y aún más allá, eran buenas, según indica Núria Sales.37

En definitiva, las referencias a nyerros y cadells en esos momentos son con frecuencia contradictorias y suelen estar destinadas a justificar o a explicar acusaciones de conspiraciones y de traiciones.38 Muchos de estos acusados se verían catalogados de nyerros o cadells, a veces arbitrariamente. Algunas veces parece que los perseguidos solo lo eran por el mero hecho de pertenecer a una de esas facciones. Pero no conviene entrar en el juego de las simplificaciones. Durante de la Guerra de los Segadores, las relaciones interpersonales e interfamiliares, no estaban determinadas solamente por la pertenencia a estos bandos. Dicha pertenencia tampoco se vertebraría en función del conflicto entre profranceses y proespañoles.

Si descendemos a un ámbito más local, podemos ver cómo – en algunos casos – la agitación de los primeros compases de la revuelta sigue el mismo patrón que los conflictos entre facciones. Sucede así en el caso de Manresa.3940 El conflicto en esa ciudad comenzó en el verano de 1640, cuando los nyerros del lugar presionaron a las autoridades para que sustituyeran al batlle local, Josep Malet, que pertenecía a la facción de los cadells, para otorgárselo a un miembro de los nyerros, Josep Milangels. Esto derivó en altercados y algaradas entre los miembros de las dos facciones. La misma diputación llegó a intervenir en el conflicto: Pau Claris ordenó la detención de Milangers. Esta acción ha hecho que algunos autores se pregunten si esta estaría motivada por una supuesta relación de Pau Claris con los cadells.41 Algo parecido ocurrió en otros lugares, como Esparraguerra, Sarriá, etc. Otro caso, estudiado por Xavier Torres, es el de la ciudad de Vich, donde los desórdenes que se produjeron (se atentó, como en otros sitios, contra algunas personalidades prominentes de la ciudad) también pueden responder al conflicto faccional. Sin embargo, esto no fue algo común a todo el Principado, pues en otros lugares no existen referencias al avivamiento de las antiguas facciones, sino que parece que estas se hallaban casi extinguidas.

La dinámica de la guerra entre unos y otros acabaría sobreponiéndose a la anterior división de bandos. Así lo vemos en las fuentes que recogen los combates entre felipistas y luisistas en el valle de Arán, donde las fuerzas de la Generalidad realizaron una gran represión contra sus enemigos felipistas, tanto nyerros como cadells.42 Por otro lado, existen muchas fuentes en las que no se mencionan ni a nyerros ni a cadells, y a la hora de hablar de facciones emplean otros términos, como ben afectes a la terra (o a la patria) o mal afectes a la terra.

La terminología de nyerros y cadells no desaparecería hasta el final de la guerra de los Segadores, superadas por los bandos que enfrentaron a los partidarios de España con los partidarios de Francia. Así aparece en algunas fuentes, como la que recoge Xavier Torres, del cronista de Gerona Jeroni de Real: ''se comensaren (a) alterar-se la gent tenint principi de las parcialitats antiguas de Nierros y Cadells; després ... prengueren lo apellido uns de Francia, altres de Espanya'' refiriéndose a la villa de Sant Joan de les Abadesses. A partir de ese momento se difundiría por todo el Principado los términos de miquelets de Francia (también conocidos como de la terra) o miquelets de España. Sin embargo, esto no produjo un cambio significativo en las dinámicas sociales de la lucha de bandos; estas continuaron, perpetuando así los mismos conflictos y rivalidades que en la época de los nyerros y los cadells.43

De esta manera, las denominaciones de nyerros y cadells fue sustituida por la de miquelets d'Espanya o de França a finales del conflicto de la Guerra de Separación. El conflicto entre ambos bandos se extendió por toda Cataluña (si bien los partidarios de Francia abundaron más en el norte del Principado, no se puede reducir el conflicto a una lucha entre un norte profrancés y un sur proespañol). Sobre todo durante la década de los cincuenta del siglo, hasta la paz de los Pirineos de 1659 (aunque continuó después). Estos miquelets se agrupaban en cuadrillas que reavivaron el recuerdo del bandolerismo. Sin embargo, no tenemos evidencias claras de los mecanismos exactos que llevaron al fin de esa terminología. Como dice Xavier Torres, esta desaparición (la de estos nombres que se habían extendido por el Principado desde finales del siglo anterior) parece tan casual como lo fue la emergencia de ambos términos cincuenta años antes, sin que existan hasta el momento, que nos permitan conocer mejor ese proceso.44 Las facciones, sin embargo, continuarán existiendo ''como una forma espontánea de encuadramiento local de la vida política''. 45 A pesar de su desaparición, la memoria de estas facciones perduraría durante mucho tiempo en el recuerdo colectivo del Principado.

BIBLIOGRAFÍA:

  • ELLIOTT, John H. La rebelión de los catalanes; Un estudio sobre la decadencia de España (1598 – 1640). Madrid; Siglo XXI, 2014 (1º ed. 1963)
    REGLÁ, Joan; FUSTER, Joan. El bandolerisme català. Barcelona; Aymá, 1962
    SALES, Núria. Història de Catalunya. Vol.4. Els segles de decadència (s. XVI – XVII). Barcelona; Edicions 62, 2002
    SANABRE, Josep. La acción de Francia en Cataluña por la hegemonía de Europa: 1640 – 1659. Barcelona; Real Academia de Buenas Letras ,1956.
    SERRA, Eva (coord.) La revolució catalana en 1640. Barcelona; Editorial Crítica, 1991, pág 78.
    TORRES, Xavier. Els Bandolers (s. XVI – XVII). Barcelona; Eumo editorial 1991
    TORRES, Xavier. Nyerros i cadells: Bàndols i bandolerisme a la Catalunya moderna (1590 – 1640); Barcelona; Quaderns Crema. 1993, pág 28.
    1ELLIOTT, John H. La rebelión de los catalanes; Un estudio sobre la decadencia de España (1598 – 1640). Madrid; Siglo XXI, 2014 (1º ed. 1963),, págs 86 – 99.
    2Ibid, pág 94.
    3Ibid, pág 95. Si bien otros historiadores han matizado mucho las conclusiones de Elliott.
    4TORRES, Xavier. Nyerros i cadells: Bàndols i bandolerisme a la Catalunya moderna (1590 – 1640); Barcelona; Quaderns Crema. 1993, pág 28.
    5Ibid, pág 6.
    6TORRES, Xavier. Els Bandolers (s. XVI – XVII). Barcelona; Eumo editorial 1991, pág 39.
    7ELLIOTT, John H, op.cit, pág 96.
    8Sobre las leyendas populares que tratan sobre el origen de nyerros y cadells ver TORRES, Xavier. Nyerros i cadells..., op.cit, págs 44 – 53.
    9Ibid, págs 304.
    10TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...,op.cit, pág 14. Algunos de los historiadores de ese momento que trataron este tema son Víctor Balaguer y Antonio de Bofarull.
    11TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...op.cit, pág 71.
    12ELLIOTT, John H, op.cit, pág 587.
    13 TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...op.cit, pág 74.
    14Lo que demuestra que muchas veces los agentes de la Corona que perseguían a los bandoleros lo eran también. Nyerros i cadells...op.cit, pág 79
    15TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...op.cit, págs 60 – 61.
    16Ibid, pág 507.
    17ELLIOTT, John H,op.cit, pág 126.
    18TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...op.cit, pág 139.
    19Ibid, pág 141.
    20Ibid, pág 161 – 162.
    21Ibid, pág 140.
    22Ibid, pág 143.
    23Ibid, pág 146.
    24Ibid, págs 161 – 162.
    25Ver en Ibid. ''Capítulo III. Les parcialitats vigatanes'',
    26REGLÁ, Joan; FUSTER, Joan. El bandolerisme català. Barcelona; Aymá, 1962, pág 29.
    27ELLIOTT, John H, op.cit, pág 126.
    28ELLIOTT, John H, op.cit, pág 124.
    29Institución del Principado catalán consistente en un contingente armado aportado por las ciudades. Si afecta a toda la población tiene el carácter de general.Ibid, pág 587.
    30Ibid, pág 140.
    31TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...op.cit, pág 363.
    32ELLIOTT, John H. La rebelión...op.cit, pág 467.
    33 ELLIOTT, John H. La rebelión...op.cit, pág 466.
    34 Ibid, pág 536 y SANABRE, Josep. La acción de Francia en Cataluña por la hegemonía de Europa: 1640 - 1659 Barcelona, Real Academia de Buenas Letras, 1956, pág 249.
    35TORRES, Xavier. Nyerros i cadells..op.cit, pág 42.
    36ELLIOTT, John H. La rebelión...op.cit, pág 483 y SALES, Núria. Història de Catalunya. Vol.4. Els segles de decadència (s. XVI – XVII). Barcelona; Edicions 62, 2002, pág 373.
    37SALES, Núria. Història...op.cit, pág 373.
    38Ibid, pág 374.
    39TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...op.cit, pág 42.
    40TORRES, Xavier. ''Segadors i miquelets a la revolució catalana (1640 – 1659)''. SERRA, Eva (coord.) La revolució catalana en 1640. Barcelona; Editorial Crítica, 1991, pág 78.
    41ELLIOTT, John H. La rebelión...op.cit, pág 468.
    42 SALES, Núria. Història...op.cit, pág 375.
    43 TORRES, Xavier. Nyerros i cadells...op.cit, pág 43.
    44 TORRES, Xavier. Nyerros i cadells.. op.cit, pág 366.
    45 Ibid, pág 366.


domingo, 26 de julio de 2015

La Junta de Reforma del Conde-Duque de Olivares

 Antes de comenzar hablando sobre la Junta de Reforma del Conde Duque de Olivares es necesario indicar algunas cosas sobre el contexto en el que se produce. Olivares fue valido del rey Felipe IV, que había subido al trono en 1621, después de la muerte de su padre, Felipe III. El Conde de Olivares, Gaspar de Guzmán (el término Conde-Duque se extiende después de que se le concediera el Ducado de Sanlúcar la Mayor en 1625), había ascendido en la corte ya durante el anterior reinado, hasta llegar a ser nombrado Sumiller de Corps en 1621 y dos años después Caballerizo Mayor. En ese momento se convertiría en el hombre fuerte de la monarquía hasta su caída en 1643.

La idea principal en la que se basó el proyecto político del Conde Duque de Olivares fue la de reputación. La política de prestigio fue fundamental para la Monarquía Hispánica, como camino para defender los intereses tanto de la monarquía como de la religión católica1. Esta política de reputación llevaba aparejada otra de regeneración interna de la Monarquía. Las reformas que se buscaban acometer eran profundas; por ejemplo, fueron determinantes sus intentos de alterar la estructura política de la Monarquía, basada en la unión dinástica de diferentes reinos, manteniendo estos sus propias instituciones y leyes, lo que generaría importantes alteraciones y protestas por parte de los afectados.

Durante el gobierno del Conde Duque de Olivares se impulsaron de manera destacada las juntas como instituciones claves en el sistema de gobierno. Llegaron a funcionar diecisiete2. Una de las primeras decisiones del gobierno, en la línea de la política de regeneración interna fue la creación de la Junta de Reformación en 16213. Sus objetivos serían salvaguardar la moral y las buenas costumbres. Esta junta acabó fracasando, registrando una actividad mínima. Por ejemplo, una de las medidas que tomó fue la obligación de declarar los bienes de los miembros del gobierno desde 1603, aunque tuvo poca trascendencia4, aunque Olivares sí que comenzó a enjuiciar y a encarcelar a miembros de los gobiernos anteriores que habían abusado de su posición, como el duque de Lerma, el de Uceda, el de Osuna...5

Debido al fracaso de la Junta de Reformación, ésta será sustituida por la Junta Grande de Reformación en 1622, que será la encargada de dar el espaldarazo definitivo a las reformas. Un año después se emitirán los Artículos de la Reformación. Abarcaban una importante serie de medidas destinadas a reducir el gasto. Por ejemplo, se reducían los consejos y los cargos municipales, se tomaban medidas para favorecer los matrimonios y la natalidad a través de exenciones fiscales, y se llevaron a cabo medidas proteccionistas a la economía castellana, siguiendo las tesis del mercantilismo, el sistema económico preponderante en ese momento.

Una de las importantes medidas que tomó la Junta fue la creación y el establecimiento de erarios en las cabeceras de los distintos distritos fiscales de Castilla. El capital de estos erarios vendría la mayor parte de la imposición a las mayores rentas de cada territorio6. A eso se le uniría la propuesta de destinar lo recaudado en el servicio de millones (que consistían en ayudas que votaban las Cortes de Castilla para aliviar a la hacienda de la Monarquía; en un principio fueron extraordinarias, posteriormente se hicieron regulares) al sostenimiento de un ejército de alrededor de 30.000 hombres destinados a la defensa de Castilla. Se reformaba también el sistema de los millones, que a partir de ese momento dejaría de recaudarse a través de impuestos al consumo, pasando a hacerse en función de las características y los recursos de cada región.

De esta manera, lo que se buscaba con la creación de estos erarios sería el establecimiento de una banca nacional que permitiría a la Corona financiarse dejando de depender de manera tan grande de los banqueros foráneos, especialmente los genoveses7. Se buscaba controlar ese sistema de erarios desde la Corona y acabar con la renovación del servicio de millones (debido a la naturaleza permanente del nuevo ejército que pensaba crearse con su recaudación)8. También se buscaba relanzar la economía, ya que permitirían a los campesinos y los artesanos conseguir créditos a bajo interés. Sin embargo este plan fracasará debido a la oposición que suscitaba por parte de las oligarquías urbanas, que hará que en 1626 el plan sea abandonado.

Olivares también se preocupó por la situación de los corregidores en las ciudades, debido a las corrupción que existía, y también por la situación de las audiencias y chancillerias. Llevó a cabo una política que buscaba reforzar la formación y la selección de los candidatos a ocupar un puesto en estas instituciones. Esto era importante porque muchas de las personalidades que allí servían acabarían ocupando importantes puestos de gobierno, sobre todo el Consejo de Castilla, una de las instituciones más importantes de la Monarquía9.

La Junta de Reformación también tomó medidas para evitar el relajamiento de la moral. A partir de 1625 se tomaron algunas decisiones, como, por ejemplo, la prohibición de publicar novelas y comedias que fueran en contra del espíritu castellano, y que tuvieron que publicarse en la clandestinidad o en otros reinos de la monarquía10.

Para Olivares, era necesario acometer una reforma que lograse una mayor unidad entre los diferentes reinos que conformaban la Monarquía. Trató el tema en su Gran Memorial de 1624. De esta manera, conminaba al rey a hacerse rey de España. Esto es, de España, y no de Aragón, Valencia o Portugal. Defendía una reforma en el que se convirtiera a esos reinos al estilo y leyes de Castilla11, pues en él el poder del rey era mayor. También hablaba de los medios adecuados para conseguir la unión, favoreciendo el contacto entre naturales de los diferentes reinos, favoreciendo los matrimonios mixtos e incluyendo a los naturales de otros reinos en el gobierno de Castilla. Pero también propuso otros métodos más expeditivos, como el uso del ejército como modo de coartar a los reinos a la hora de negociar la reforma, o bien fomentando una revuelta popular que justificase la intervención del ejército12.

Esta idea se tradujo en la práctica con la unión de Armas, que buscaría la creación de un ejército compuesto por fuerzas de todos los reinos de la monarquía para la defensa de esta. Cada reino tendría que aportar una cantidad determinada de tropas al conjunto. Sin embargo, el proyecto fracasó, debido a la oposición de los reinos de la Corona de Aragón.

Los proyectos y reformas de Olivares, muy ambiciosas, fracasaron en su mayor parte. En primer lugar, la llegada del príncipe de Gales a la corte para concretar el matrimonio con la infanta María obligaron a organizar grandes festejos que causaron grandes gastos. Por otro lado, como ya hemos dicho, las reformas suscitaron una fuerte oposición. Los intereses de las oligarquías urbanas en Castilla se veían perjudicados por estas. La red de erarios que se buscaba crear quedó lastrada por la falta de confianza que existía hacia la Monarquía. Por lo tanto, esa oposición impidió la puesta en marcha de estas reformas, condenándolas al fracaso13.

Bibliografía:
- Elliot, John H. El Conde Duque de Olivares. Barcelona, 2004.
- Fernández Albaladejo, Pablo. La crisis de la monarquía. En Fontana, Josep. Villares, Ramón. (dir) Historia de España. Barcelona, 2009.
- Floristán, Alfredo (Coord). Historia de España en la Edad Moderna. Barcelona, 2004
- Martinez Ruiz, Enrique et alli. La España moderna. Madrid, 1992.

Referencias:
1Floristán, Alfredo (Coord).Historia de España en la Edad Moderna. Barcelona, 2004. Pág 490.
2Martinez Ruiz, Enrique et alli. La España moderna. Madrid, 1992. Pág 246.
3Floristán, Alfredo (Coord)...Op.Cit. Pág 491.
4Ibid. Pág 491.
5Martinez Ruiz, Enrique. Op.Cit. Pág 246.
6Fernández Albaladejo, Pablo. La crisis de la monarquía. En Fontana, Josep. Villares, Ramón. (dir) Historia de España. Barcelona, 2009. Págs 83 - 84
7Ibid. Pág 84.
8Ibid. Pág 84.
9Ibid. Pág 86.
10Floristán, Alfredo (Coord)...Op.Cit. Pág 492.
11Fernández Albaladejo, Pablo..Op.Cit.. Pág 88.
12Floristán, Alfredo (Coord)...Op.Cit. Pág 493.

13Ibid. Pág 495.

viernes, 9 de enero de 2015

El camino español

El camino español

El camino español era la principal ruta que comunicaba los Países Bajos con el resto de territorios de la Monarquía Hispánica, en uso durante la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII en el marco de la guerra entre los rebeldes holandeses y la Monarquía de los Austrias. Atravesaba Europa occidental de Sur a Norte, y pasaba por numerosos territorios, que bien pertenecían a la Monarquía o habían establecido estables alianzas con la misma 

Esta ruta comenzaba en Génova, hasta donde llegarían las tropas provenientes desde España después de atravesar en barco el Mediterráneo. Génova era en ese momento una república aliada de España, y uno de los aliados más valiosos de esta, debido a la dependencia financiera que tenía la Monarquía Hispánica con los banqueros genoveses. Estas relaciones se remontarían a la época de Carlos I, al apoyar este a la élite (los conocidos como nobili vecchi) que gobernaba la república y garantizar su estabilidad en el poder oponiéndose a todos los elementos de oposición en el seno de la misma, como otras facciones políticas que ansiaban el poder o los rebeldes corsos, que recibían el apoyo de la monarquía francesa. 

De Génova se pasaría a Milán, ducado en manos españolas desde la época del emperador Carlos, aunque el dominio del rey de España estaba subyugado a la voluntad del emperador. Milán tenía una importancia estratégica esencial para la Monarquía Hispánica, no solo porque era el comienzo del camino hacia Flandes sino también porque se establecía una elemento de contención de Francia y permitía el control de gran parte de Italia.

Posteriormente las tropas llegaban hasta Saboya, otra aliada de España. Esta alianza conciliaba los intereses expansionistas de Saboya en Francia (país con el que mantenía una fuerte rivalidad) y la necesidad de los españoles de conseguir el paso de las tropas. Se sancionó mediante el tratado de Groenendaal, firmado en 1589. Por lo tanto, podemos ver aquí la estrategia llevada ya a cabo en tiempos anteriores por la Monarquía Hispánica, de firmar alianzas con los reinos y estados que estuvieran situados entre territorios de la corona, para así facilitar las comunicaciones y el transporte.

A partir de allí se pasaba al Franco Condado, en manos de los Habsburgo. Este territorio tenía características especiales, ya que, a pesar de pertenecer a la monarquía, estaba obligado a permanecer neutral con Francia. Esta situación provenía de los tratados de habían sancionado la desmembración del antiguo ducado de Borgoña. y de allí se llegaba a los ducados de Lorena y Bar. Estos territorios (el Franco Condado y Lorena) al ser neutrales, establecían una serie de condiciones; permitían el paso de tropas, pero estas no podían pertenecer en un lugar más de dos noches.

Desde allí se llegaba ya a Luxemburgo, también Habsburgo, gobernado por von Mansfeld en la segunda mitad del siglo XVI, siendo uno de los gobernadores más destacados de ese territorio. Por aquel entonces, el cargo de gobernador de Luxemburgo dependía del gobierno español de los Países Bajos. Se continuaba hasta el obispado independiente de Lieja, sujeto sin embargo por las directrices de la Monarquía Hispánica antes de llegar a los Países Bajos españoles. Este camino pasaba por zonas de una geografía complicada, ya que debía cruzar los Alpes, cruzar ríos, atravesar bosques, desfiladeros, etc. A eso se le unía la situación internacional que en muchas ocasiones puso en riesgo la existencia de parte o la totalidad de todo el camino.

La necesidad de encontrar un paso por tierra fue una prioridad esencial por parte de la monarquía hispánica a partir de 1568. Esto fue así debido al empeoramiento de las relaciones con Inglaterra, que se agriaron después de la pérdida de Calais a manos de los franceses, uno de los mejores puertos del canal de la Mancha. Pero también se vio afectado por la situación interna de Francia; este país estaba sumido en las guerras de religión entre hugonotes y católicos, y los hugonotes (calvinistas) necesitaban financiación y eso les va a llevar a lanzarse a la piratería. Estos tendrán sus bases en puertos como La Rochelle y centrarán sus acciones en el golfo de Vizcaya. A los hugonotes se les unirán los llamados mendigos del mar, habitantes de los Países Bajos que habían sido exiliados por participar en revueltas contra Felipe II y se dedicaron a hostigar a los barcos españoles.

Por lo tanto, la monarquía hispánica necesitaba encontrar un camino por tierra que permitiera a las tropas viajar de forma segura hasta Flandes. De esta manera nace el camino español. La primera vez que se sugiere esta ruta, según Parker, para contactar con Flandes fue en 1563, ideada por el cardenal Granvela, presidente del Consejo de Flandes, como ruta que pudiera seguir el rey en su viaje a los Países Bajos, ya que atravesaba casi siempre territorios bajo la soberanía del rey. De hecho, Parker cita documentos en los que ya en esas fechas tempranas aparecen detalladas descripciones sobre esta ruta.

Por lo tanto, el camino español era esencial para la Monarquía Hispánica. De esto eran conscientes los gobernantes de las potencias rivales de España. Sobre todo, Francia se encontraba en una buena posición para cortar esta ruta. Sus gobernantes sabían que si cortaban las comunicaciones con Flandes el poder español quedaría muy debilitado, ya que Flandes era consideraba una de las posesiones más importantes para la monarquía y el camino era esencial para su mantenimiento. Como decía el hugonote Felipe Duplessis-Mornay, El rey de España no tiene ninguna posesión más hermosa, más rica ni más altamente estimada que los Países Bajos...No porque por allí viajasen las tropas, sino que también se transportaba el oro y otros metales preciosos destinados a sufragar los gastos del ejército de Flandes, en convoyes que se encontraban en una situación especialmente vulnerable. También por esa ruta se transportaba el correo.

Por tanto, ya en el primer traslado de tropas que se hace por esa ruta, la del Duque de Alba en el año 1567 causó una gran conmoción en los territorios afectados, debido a la aparición de una vía estratégica que daba a la Monarquía Hispánica una situación de ventaja a la hora de poder influir o penetrar en un gran número de territorios. No estamos hablando solo de pequeñas ciudades estado, sino de un estado de primer orden como es Francia. Y es que el camino también fue una ruta empleada por Felipe II para aportar ayuda económica y militar a los católicos durante las guerras de religión en este país, que se hallaba en un estado de debilidad y anarquía debido a estos sangrantes conflictos, lo que representaba una grave injerencia en los asuntos internos franceses.

Como dice el historiador Geoffrey Parker, se debió desarrollar una intensa labor diplomática para evitar las hostilidades de las potencias extranjeras, haciendo así un considerable esfuerzo para convencer a estas de que el paso de las tropas no era ninguna provocación para la guerra. Aun así, los gobiernos de los estados amenazados movilizaron sus tropas, y vigilaron todos los movimientos del Duque. Pero no solo tuvo la Monarquía que preocuparse de la hostilidad de sus enemigos sino también de garantizar de el paso por los propios territorios aliados situados en el camino. Esto demuestra, como defiende Parker, que los estados por donde atravesarían las tropas no serían simples títeres de Madrid, sino que tendrían personalidad e intereses propios y los defenderían frente al gobierno de la Monarquía, y protestando enérgicamente si se producía alguna violación a su soberanía en su territorio.

Sin embargo, pronto se va a ver que los temores que mantenían los franceses por la creación de una potencial vía de penetración en su territorio van a estar justificados. Felipe II decidirá participar en las guerras de religión francesa apoyando a la Liga Católica, y encontrará en este corredor una vía excelente por la que apoyar a la Liga aportando hombres y dinero. Esto, sin embargo, fue un error de estrategia que finalmente llevaría a medio plazo al fin del Camino español. El conflicto finalmente acabó con la derrota de la Liga Católica y por lo tanto la Monarquía española quedó en una situación delicada frente al nuevo monarca francés, Enrique de Navarra. Este, después de reforzar el poder en el interior, decidió tomar represalias. Ya hemos hecho referencia a las propuestas hechas anteriormente que buscaban acabar con el camino español. Los franceses ya eran muy conscientes de la situación de debilidad en la que se encontraba España al depender en gran medida sus comunicaciones con Flandes de esa ruta.

De esta forma Enrique finalmente declaró la guerra a España y realizó una ofensiva en el Este, afectando a Borgoña y el Franco Condado que aunque no cortó el camino sí que lo amenazó, obligando a las unidades en tránsito a desviarse. Posteriormente invadió Saboya, aliada de España, cerrando el camino por ese lado, sin que hubiera otro camino hasta Flandes. Esta situación se prolongó hasta la Paz de Vervins, firmada en 1598, que reabrió el camino. Sin embargo podemos ver la situación de debilidad en la que se encontraba las comunicaciones hacia Flandes; cualquier ofensiva podía cerrar parte del corredor, y comprometer de forma determinante la lucha contra los rebeldes en los Países Bajos. En esta situación Francia no va a dudar en actuar aprovechando esa debilidad. De hecho, la situación derivada de la Paz de Vervins fue efímera. Dos años después, en 1600 debido a litigios territoriales sobre el territorio de Saluzzo, el rey francés volvió a invadir Saboya. En el tratado de paz de Lyon, Francia se anexionó los territorios perteneciente a Saboya al oeste del Ródano, lo que supuso un duro golpe para el camino español, pues esos territorios eran esenciales para llegar al Franco Condado. La ruta española tuvo que ser modificada. El nuevo camino atravesaría Milán y los cantones suizos, aunque Ginebra, siempre sintiéndose amenazada, se opuso. Finalmente se estableció como alternativa para llegar a los otros territorios desde Saboya el cruce de un estrecho valle y de un puente sobre el río Ródano, el Pont de Grésin, que se encontraba en el límite fronterizo con Francia. Al estar limitado todo el paso a ese puente, el Camino se volvía muy vulnerable, ya que ese paso estaba a merced de la monarquía francesa. El principal objetivo de esta se había cumplido, y no tardaría en rematar la difícil situación de España en este punto.

Esto quedó en evidencia en seguida cuando el rey francés destruyó en 1602 el puente, alegando que el ejército español que iba a atravesar el camino hacia Flandes tenía como verdadero objetivo apoyar una conspiración de unos nobles franceses. Vemos aquí de nuevo el temor hacia la injerencia por parte de la Monarquía Hispánica que a través del camino pudiera ejercer en los asuntos internos de Francia. 

Pero la situación para España empeoró aun más debido al cambio de relaciones con Saboya. Sus gobernantes eran conscientes de que la situación internacional había cambiado y ahora era Francia la potencia dominante. El cambio de estrategia también vino dado por la pretensión de los saboyanos de expandirse territorialmente, y fijaron sus apetencias en los territorios que España poseía en la Lombardía . En los primeros años del siglo XVII este deterioro de las relaciones entre los dos países fue patente. En 1609 los españoles abandonan el país, al año siguiente Saboya firma una alianza con Francia, tres años después estallan las hostilidades. Las alianzas de los saboyanos con Francia cerraron el camino a través de su territorio, cerrando el paso de forma irreversible en 1622.

España se vio pues en la obligación de cambiar de estrategia y buscar nuevas rutas para seguir conectando por tierra sus posesiones en Flandes. Ya desde antes de la pérdida del camino español la monarquía había establecido contacto con otros territorios para tener alternativas al Camino español. Esta política le llevó a firmar una alianza con Los Grisones en 1593, y los cantones católicos suizos en 1587, con el objetivo de llevar sus tropas a través de estos territorios, al conectar Lombardía y Alsacia. A partir de 1601, con el tratado de Lyon, los españoles aumentaron su actividad diplomática en estas zonas, negociando el paso de las tropas. Sin embargo, la monarquía francesa buscó entorpecer la firma de estas alianzas y evitar que se abriera un nuevo camino que contactara con Flandes. De esta manera conseguirá, en 1610, atraerse a los cantones católicos suizos, en detrimento de España. Esta tuvo que centrar sus esfuerzos en la creación de un paso a través de Los Grisones y el valle de la Valtelina hasta llegar a Alsacia. Igualmente, contó con la oposición de Francia. Con esta actitud no solo se buscaba debilitar a España impidiendo las comunicaciones con sus dominios en el norte, sino que representaba también para Francia una zona estratégica esencial pues por allí pasaban los caminos que comunicaban el reino con Italia, y especialmente con la república de Venecia, el aliado más importante con el que contaba en la región. Por tanto, la apertura de un corredor estable por España en la zona era muy perjudicial para Francia, pues a la vez cortaba las comunicaciones con un escenario esencial para la monarquía gala. Fue un objetivo prioritario por parte de los franceses el control de estas rutas e impedir su uso por parte de los españoles. Eso era extensible a la zona de Alsacia, donde también existía un interés estratégico por parte de las dos potencias. Era muy importante para ambos, como una etapa determinante en el camino español y como la ruta principal que conectaba Francia con los principados alemanes. Para conseguir su control, el gobierno francés decidió ocuparla en 1638, lo que supuso un duro golpe para la Monarquía Hispánica. Lorena había sido ocupada tres años antes, cerrando definitivamente las rutas por tierra entre España y Flandes. La monarquía había realizado una expedición dirigida por el infante Fernando, que partiendo de Milán llegó a participar en la batalla de Nördlingen (una batalla decisiva en el curso de la Guerra de los 30 años), antes de llegar a Bruselas. Pero esa fue la última expedición terrestre del ejército español a los Países Bajos, y no logró el desalojo de los franceses en territorios como Lorena. Por lo tanto, Francia va a llevar una política de ocupación de todos los puntos estratégicos que se disputaba con España. A la monarquía no le quedaba más remedio que enviar sus tropas a través del Canal de la Mancha, a pesar de los riesgos que eso conllevaba. El conflicto con Inglaterra significaba que el canal no era nada seguro. En tiempos de paz la situación cambiaba, y los barcos españoles podían refugiarse en los puertos ingleses. Sin embargo, esa situación nunca era duradera, como se puede ver por las numerosas guerras que enfrentaron a los dos países (hasta 1604, posteriormente entre 1625 y 1630...). Y también estaba la cuestión de la flota que las Provincias Unidas habían desarrollado. Esta infligió en 1639 dos sendas derrotas a los españoles. A pesar de eso, el gobierno español siguió enviando tropas a Flandes, por ese camino, que era el único disponible.

La creación de una ruta como fue el Camino Español lleva aparejada numerosas dificultades en la organización, logística y avituallamiento de las tropas. También hay que tener en cuenta la geografía y la orografía del terreno; bosques, desfiladeros, ríos...lo que aumentaba las dificultades de paso, sobre todo de ejércitos con un gran número de soldados. Esto obligó a las autoridades militares españolas a idear estrategias para que el transporte se realizara satisfactoriamente. Para que este se realizase de forma eficaz generalmente las unidades de marcha no superaban los 3000 soldados, aunque ocasionalmente se movieron al mismo tiempo ejércitos mucho más grandes, como por ejemplo el del Duque de Alba, que llegó hasta los 10.000 hombres, y otras expediciones llevaban en sus filas 6.000 o 5.000 soldados. Movilizar a tantas tropas es complicado (teniendo en cuenta además la gente que seguía al ejército. Familias, lacayo, y los animales, como los caballos) y se debieron idear sistemas que garantizasen el avituallamiento y aprovisionamiento. Parker diferencia tres sistemas para alimentar a un ejército. Una, la creación de un itinerario fijo con almacenes en puntos determinados: la forma tradicional, esto es, se conseguía los alimentos directamente del terreno (con gran prejuicio para la población local). Y finalmente, un sistema que se desarrolla en estos momentos, el de etapas. Se establecía un sistema permanente de etapas al término de cada cual existían poblaciones donde se almacenaban las provisiones y se repartían, además de servir de alojamiento. Los propietarios de las casas donde los soldados se alojaban recibían una compensación (sistema de los billets de logement). Antes, comisarios enviados por la Monarquía ya habían pactado con los gobernantes de los territorios el número de etapas y la cantidad de suministros que debían suministrar. Ya nos hemos referido a la idea de que los gobernantes de los territorios por donde pasaba el camino español no adoptaban una actitud pasiva, sino que negociaron activamente cada aspecto de la expedición y protestaron enérgicamente cualquier incumplimiento de los pactos. No era infrecuente que los soldados cometiesen abusos y delitos por las tierras por las que pasaban.

En general, el empleo de esa misma ruta no supuso una verdadera preocupación por el estado de los caminos y las infraestructuras. Aunque también es cierto que se hicieron algunas obras en los caminos para facilitar el paso de las tropas, así como la construcción de puentes y otras infraestructuras, estas no supusieron un gran cambio. Generalmente en los territorios del camino había una red de rutas importante, siendo posible muchas alternativas. Por tanto, desde el gobierno se debió preparar cada expedición de forma meticulosa estableciendo los caminos a seguir, contando también con el uso de mapas y guías.

En definitiva, podemos establecer un cierto paralelismo entre el fin del camino español y el de la hegemonía española en Europa. En este sentido, la actitud agresiva de Francia, iniciada a finales del siglo XVI, contra la Monarquía española, con el objetivo de cortar las comunicaciones hacia Flandes, contribuiría a acentuar esa decadencia, al debilitar los lazos que unían a la Monarquía con una de sus posesiones fundamentales. Por lo tanto, el fin del Camino español sería un síntoma de esa debilidad (debida a múltiples causas, problemas financieros, mantenimiento de varios frentes de conflicto), pero también causa, al menos a lo que a la cuestión flamenca se refiere. La importancia vital de esta ruta se pone de manifiesto en las acciones llevadas a cabo por la Monarquía Hispánica con la búsqueda de nuevas estrategias y rutas que pudieran mantener la situación militar y económica de los Países Bajos. Primero la creación de una ruta alternativa por tierra hasta que se vio la imposibilidad de establecerla debido al creciente poder francés; y luego el establecimiento de rutas por mar, a pesar de los riesgos que eso conllevaba, al perder toda alternativa. Por lo tanto, el fin del camino español está dentro de un proceso histórico que comienza hacia finales del siglo XVI y comienzos del XVII, con el fin de las guerras de religión en Francia y el fortalecimiento del poder real. Aquí ya empieza a entreverse un cambio en el orden europeo que se fortalecerá a lo largo del siglo, con una nueva potencia hegemónica en el continente, Francia, en detrimento de la Monarquía Hispánica, abocada a la decadencia.

Tampoco hay que olvidar otros aspectos fundamentales, como el impacto que en esos territorios supuso el paso de las tropas españolas (y una prueba de esto es que aun hoy se conoce en la zona como Chemin des espagnols) tanto a la población como a los gobiernos de los diferentes estados. Y también las implicaciones y novedades que impulsó en los aspectos logísticos, técnicos y organizativos del ejército.

Bibliografía:

  • Parker, Geoffrey, El ejército de Flandes y el Camino español 1567- 1659. Biblioteca de la Revista de Occidente . Madrid, 1976.
  • Parker, Geoffrey, El éxito nunca es definitivo. Imperialismo, guerra y fe en la Europa moderna. Taurus. Madrid, 2001.
  • Strandling, Robert A. La armada de Flandes. Política naval española y guerra europea 1568 – 1668. Cátedra . Madrid, 1992.
  • Martinez Lainez, Fernando. Una pica en Flandes. La epopeya del camino español. EDAF. Madrid, 2007. 
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