viernes, 9 de enero de 2015

El camino español

El camino español

El camino español era la principal ruta que comunicaba los Países Bajos con el resto de territorios de la Monarquía Hispánica, en uso durante la segunda mitad del siglo XVI y principios del XVII en el marco de la guerra entre los rebeldes holandeses y la Monarquía de los Austrias. Atravesaba Europa occidental de Sur a Norte, y pasaba por numerosos territorios, que bien pertenecían a la Monarquía o habían establecido estables alianzas con la misma 

Esta ruta comenzaba en Génova, hasta donde llegarían las tropas provenientes desde España después de atravesar en barco el Mediterráneo. Génova era en ese momento una república aliada de España, y uno de los aliados más valiosos de esta, debido a la dependencia financiera que tenía la Monarquía Hispánica con los banqueros genoveses. Estas relaciones se remontarían a la época de Carlos I, al apoyar este a la élite (los conocidos como nobili vecchi) que gobernaba la república y garantizar su estabilidad en el poder oponiéndose a todos los elementos de oposición en el seno de la misma, como otras facciones políticas que ansiaban el poder o los rebeldes corsos, que recibían el apoyo de la monarquía francesa. 

De Génova se pasaría a Milán, ducado en manos españolas desde la época del emperador Carlos, aunque el dominio del rey de España estaba subyugado a la voluntad del emperador. Milán tenía una importancia estratégica esencial para la Monarquía Hispánica, no solo porque era el comienzo del camino hacia Flandes sino también porque se establecía una elemento de contención de Francia y permitía el control de gran parte de Italia.

Posteriormente las tropas llegaban hasta Saboya, otra aliada de España. Esta alianza conciliaba los intereses expansionistas de Saboya en Francia (país con el que mantenía una fuerte rivalidad) y la necesidad de los españoles de conseguir el paso de las tropas. Se sancionó mediante el tratado de Groenendaal, firmado en 1589. Por lo tanto, podemos ver aquí la estrategia llevada ya a cabo en tiempos anteriores por la Monarquía Hispánica, de firmar alianzas con los reinos y estados que estuvieran situados entre territorios de la corona, para así facilitar las comunicaciones y el transporte.

A partir de allí se pasaba al Franco Condado, en manos de los Habsburgo. Este territorio tenía características especiales, ya que, a pesar de pertenecer a la monarquía, estaba obligado a permanecer neutral con Francia. Esta situación provenía de los tratados de habían sancionado la desmembración del antiguo ducado de Borgoña. y de allí se llegaba a los ducados de Lorena y Bar. Estos territorios (el Franco Condado y Lorena) al ser neutrales, establecían una serie de condiciones; permitían el paso de tropas, pero estas no podían pertenecer en un lugar más de dos noches.

Desde allí se llegaba ya a Luxemburgo, también Habsburgo, gobernado por von Mansfeld en la segunda mitad del siglo XVI, siendo uno de los gobernadores más destacados de ese territorio. Por aquel entonces, el cargo de gobernador de Luxemburgo dependía del gobierno español de los Países Bajos. Se continuaba hasta el obispado independiente de Lieja, sujeto sin embargo por las directrices de la Monarquía Hispánica antes de llegar a los Países Bajos españoles. Este camino pasaba por zonas de una geografía complicada, ya que debía cruzar los Alpes, cruzar ríos, atravesar bosques, desfiladeros, etc. A eso se le unía la situación internacional que en muchas ocasiones puso en riesgo la existencia de parte o la totalidad de todo el camino.

La necesidad de encontrar un paso por tierra fue una prioridad esencial por parte de la monarquía hispánica a partir de 1568. Esto fue así debido al empeoramiento de las relaciones con Inglaterra, que se agriaron después de la pérdida de Calais a manos de los franceses, uno de los mejores puertos del canal de la Mancha. Pero también se vio afectado por la situación interna de Francia; este país estaba sumido en las guerras de religión entre hugonotes y católicos, y los hugonotes (calvinistas) necesitaban financiación y eso les va a llevar a lanzarse a la piratería. Estos tendrán sus bases en puertos como La Rochelle y centrarán sus acciones en el golfo de Vizcaya. A los hugonotes se les unirán los llamados mendigos del mar, habitantes de los Países Bajos que habían sido exiliados por participar en revueltas contra Felipe II y se dedicaron a hostigar a los barcos españoles.

Por lo tanto, la monarquía hispánica necesitaba encontrar un camino por tierra que permitiera a las tropas viajar de forma segura hasta Flandes. De esta manera nace el camino español. La primera vez que se sugiere esta ruta, según Parker, para contactar con Flandes fue en 1563, ideada por el cardenal Granvela, presidente del Consejo de Flandes, como ruta que pudiera seguir el rey en su viaje a los Países Bajos, ya que atravesaba casi siempre territorios bajo la soberanía del rey. De hecho, Parker cita documentos en los que ya en esas fechas tempranas aparecen detalladas descripciones sobre esta ruta.

Por lo tanto, el camino español era esencial para la Monarquía Hispánica. De esto eran conscientes los gobernantes de las potencias rivales de España. Sobre todo, Francia se encontraba en una buena posición para cortar esta ruta. Sus gobernantes sabían que si cortaban las comunicaciones con Flandes el poder español quedaría muy debilitado, ya que Flandes era consideraba una de las posesiones más importantes para la monarquía y el camino era esencial para su mantenimiento. Como decía el hugonote Felipe Duplessis-Mornay, El rey de España no tiene ninguna posesión más hermosa, más rica ni más altamente estimada que los Países Bajos...No porque por allí viajasen las tropas, sino que también se transportaba el oro y otros metales preciosos destinados a sufragar los gastos del ejército de Flandes, en convoyes que se encontraban en una situación especialmente vulnerable. También por esa ruta se transportaba el correo.

Por tanto, ya en el primer traslado de tropas que se hace por esa ruta, la del Duque de Alba en el año 1567 causó una gran conmoción en los territorios afectados, debido a la aparición de una vía estratégica que daba a la Monarquía Hispánica una situación de ventaja a la hora de poder influir o penetrar en un gran número de territorios. No estamos hablando solo de pequeñas ciudades estado, sino de un estado de primer orden como es Francia. Y es que el camino también fue una ruta empleada por Felipe II para aportar ayuda económica y militar a los católicos durante las guerras de religión en este país, que se hallaba en un estado de debilidad y anarquía debido a estos sangrantes conflictos, lo que representaba una grave injerencia en los asuntos internos franceses.

Como dice el historiador Geoffrey Parker, se debió desarrollar una intensa labor diplomática para evitar las hostilidades de las potencias extranjeras, haciendo así un considerable esfuerzo para convencer a estas de que el paso de las tropas no era ninguna provocación para la guerra. Aun así, los gobiernos de los estados amenazados movilizaron sus tropas, y vigilaron todos los movimientos del Duque. Pero no solo tuvo la Monarquía que preocuparse de la hostilidad de sus enemigos sino también de garantizar de el paso por los propios territorios aliados situados en el camino. Esto demuestra, como defiende Parker, que los estados por donde atravesarían las tropas no serían simples títeres de Madrid, sino que tendrían personalidad e intereses propios y los defenderían frente al gobierno de la Monarquía, y protestando enérgicamente si se producía alguna violación a su soberanía en su territorio.

Sin embargo, pronto se va a ver que los temores que mantenían los franceses por la creación de una potencial vía de penetración en su territorio van a estar justificados. Felipe II decidirá participar en las guerras de religión francesa apoyando a la Liga Católica, y encontrará en este corredor una vía excelente por la que apoyar a la Liga aportando hombres y dinero. Esto, sin embargo, fue un error de estrategia que finalmente llevaría a medio plazo al fin del Camino español. El conflicto finalmente acabó con la derrota de la Liga Católica y por lo tanto la Monarquía española quedó en una situación delicada frente al nuevo monarca francés, Enrique de Navarra. Este, después de reforzar el poder en el interior, decidió tomar represalias. Ya hemos hecho referencia a las propuestas hechas anteriormente que buscaban acabar con el camino español. Los franceses ya eran muy conscientes de la situación de debilidad en la que se encontraba España al depender en gran medida sus comunicaciones con Flandes de esa ruta.

De esta forma Enrique finalmente declaró la guerra a España y realizó una ofensiva en el Este, afectando a Borgoña y el Franco Condado que aunque no cortó el camino sí que lo amenazó, obligando a las unidades en tránsito a desviarse. Posteriormente invadió Saboya, aliada de España, cerrando el camino por ese lado, sin que hubiera otro camino hasta Flandes. Esta situación se prolongó hasta la Paz de Vervins, firmada en 1598, que reabrió el camino. Sin embargo podemos ver la situación de debilidad en la que se encontraba las comunicaciones hacia Flandes; cualquier ofensiva podía cerrar parte del corredor, y comprometer de forma determinante la lucha contra los rebeldes en los Países Bajos. En esta situación Francia no va a dudar en actuar aprovechando esa debilidad. De hecho, la situación derivada de la Paz de Vervins fue efímera. Dos años después, en 1600 debido a litigios territoriales sobre el territorio de Saluzzo, el rey francés volvió a invadir Saboya. En el tratado de paz de Lyon, Francia se anexionó los territorios perteneciente a Saboya al oeste del Ródano, lo que supuso un duro golpe para el camino español, pues esos territorios eran esenciales para llegar al Franco Condado. La ruta española tuvo que ser modificada. El nuevo camino atravesaría Milán y los cantones suizos, aunque Ginebra, siempre sintiéndose amenazada, se opuso. Finalmente se estableció como alternativa para llegar a los otros territorios desde Saboya el cruce de un estrecho valle y de un puente sobre el río Ródano, el Pont de Grésin, que se encontraba en el límite fronterizo con Francia. Al estar limitado todo el paso a ese puente, el Camino se volvía muy vulnerable, ya que ese paso estaba a merced de la monarquía francesa. El principal objetivo de esta se había cumplido, y no tardaría en rematar la difícil situación de España en este punto.

Esto quedó en evidencia en seguida cuando el rey francés destruyó en 1602 el puente, alegando que el ejército español que iba a atravesar el camino hacia Flandes tenía como verdadero objetivo apoyar una conspiración de unos nobles franceses. Vemos aquí de nuevo el temor hacia la injerencia por parte de la Monarquía Hispánica que a través del camino pudiera ejercer en los asuntos internos de Francia. 

Pero la situación para España empeoró aun más debido al cambio de relaciones con Saboya. Sus gobernantes eran conscientes de que la situación internacional había cambiado y ahora era Francia la potencia dominante. El cambio de estrategia también vino dado por la pretensión de los saboyanos de expandirse territorialmente, y fijaron sus apetencias en los territorios que España poseía en la Lombardía . En los primeros años del siglo XVII este deterioro de las relaciones entre los dos países fue patente. En 1609 los españoles abandonan el país, al año siguiente Saboya firma una alianza con Francia, tres años después estallan las hostilidades. Las alianzas de los saboyanos con Francia cerraron el camino a través de su territorio, cerrando el paso de forma irreversible en 1622.

España se vio pues en la obligación de cambiar de estrategia y buscar nuevas rutas para seguir conectando por tierra sus posesiones en Flandes. Ya desde antes de la pérdida del camino español la monarquía había establecido contacto con otros territorios para tener alternativas al Camino español. Esta política le llevó a firmar una alianza con Los Grisones en 1593, y los cantones católicos suizos en 1587, con el objetivo de llevar sus tropas a través de estos territorios, al conectar Lombardía y Alsacia. A partir de 1601, con el tratado de Lyon, los españoles aumentaron su actividad diplomática en estas zonas, negociando el paso de las tropas. Sin embargo, la monarquía francesa buscó entorpecer la firma de estas alianzas y evitar que se abriera un nuevo camino que contactara con Flandes. De esta manera conseguirá, en 1610, atraerse a los cantones católicos suizos, en detrimento de España. Esta tuvo que centrar sus esfuerzos en la creación de un paso a través de Los Grisones y el valle de la Valtelina hasta llegar a Alsacia. Igualmente, contó con la oposición de Francia. Con esta actitud no solo se buscaba debilitar a España impidiendo las comunicaciones con sus dominios en el norte, sino que representaba también para Francia una zona estratégica esencial pues por allí pasaban los caminos que comunicaban el reino con Italia, y especialmente con la república de Venecia, el aliado más importante con el que contaba en la región. Por tanto, la apertura de un corredor estable por España en la zona era muy perjudicial para Francia, pues a la vez cortaba las comunicaciones con un escenario esencial para la monarquía gala. Fue un objetivo prioritario por parte de los franceses el control de estas rutas e impedir su uso por parte de los españoles. Eso era extensible a la zona de Alsacia, donde también existía un interés estratégico por parte de las dos potencias. Era muy importante para ambos, como una etapa determinante en el camino español y como la ruta principal que conectaba Francia con los principados alemanes. Para conseguir su control, el gobierno francés decidió ocuparla en 1638, lo que supuso un duro golpe para la Monarquía Hispánica. Lorena había sido ocupada tres años antes, cerrando definitivamente las rutas por tierra entre España y Flandes. La monarquía había realizado una expedición dirigida por el infante Fernando, que partiendo de Milán llegó a participar en la batalla de Nördlingen (una batalla decisiva en el curso de la Guerra de los 30 años), antes de llegar a Bruselas. Pero esa fue la última expedición terrestre del ejército español a los Países Bajos, y no logró el desalojo de los franceses en territorios como Lorena. Por lo tanto, Francia va a llevar una política de ocupación de todos los puntos estratégicos que se disputaba con España. A la monarquía no le quedaba más remedio que enviar sus tropas a través del Canal de la Mancha, a pesar de los riesgos que eso conllevaba. El conflicto con Inglaterra significaba que el canal no era nada seguro. En tiempos de paz la situación cambiaba, y los barcos españoles podían refugiarse en los puertos ingleses. Sin embargo, esa situación nunca era duradera, como se puede ver por las numerosas guerras que enfrentaron a los dos países (hasta 1604, posteriormente entre 1625 y 1630...). Y también estaba la cuestión de la flota que las Provincias Unidas habían desarrollado. Esta infligió en 1639 dos sendas derrotas a los españoles. A pesar de eso, el gobierno español siguió enviando tropas a Flandes, por ese camino, que era el único disponible.

La creación de una ruta como fue el Camino Español lleva aparejada numerosas dificultades en la organización, logística y avituallamiento de las tropas. También hay que tener en cuenta la geografía y la orografía del terreno; bosques, desfiladeros, ríos...lo que aumentaba las dificultades de paso, sobre todo de ejércitos con un gran número de soldados. Esto obligó a las autoridades militares españolas a idear estrategias para que el transporte se realizara satisfactoriamente. Para que este se realizase de forma eficaz generalmente las unidades de marcha no superaban los 3000 soldados, aunque ocasionalmente se movieron al mismo tiempo ejércitos mucho más grandes, como por ejemplo el del Duque de Alba, que llegó hasta los 10.000 hombres, y otras expediciones llevaban en sus filas 6.000 o 5.000 soldados. Movilizar a tantas tropas es complicado (teniendo en cuenta además la gente que seguía al ejército. Familias, lacayo, y los animales, como los caballos) y se debieron idear sistemas que garantizasen el avituallamiento y aprovisionamiento. Parker diferencia tres sistemas para alimentar a un ejército. Una, la creación de un itinerario fijo con almacenes en puntos determinados: la forma tradicional, esto es, se conseguía los alimentos directamente del terreno (con gran prejuicio para la población local). Y finalmente, un sistema que se desarrolla en estos momentos, el de etapas. Se establecía un sistema permanente de etapas al término de cada cual existían poblaciones donde se almacenaban las provisiones y se repartían, además de servir de alojamiento. Los propietarios de las casas donde los soldados se alojaban recibían una compensación (sistema de los billets de logement). Antes, comisarios enviados por la Monarquía ya habían pactado con los gobernantes de los territorios el número de etapas y la cantidad de suministros que debían suministrar. Ya nos hemos referido a la idea de que los gobernantes de los territorios por donde pasaba el camino español no adoptaban una actitud pasiva, sino que negociaron activamente cada aspecto de la expedición y protestaron enérgicamente cualquier incumplimiento de los pactos. No era infrecuente que los soldados cometiesen abusos y delitos por las tierras por las que pasaban.

En general, el empleo de esa misma ruta no supuso una verdadera preocupación por el estado de los caminos y las infraestructuras. Aunque también es cierto que se hicieron algunas obras en los caminos para facilitar el paso de las tropas, así como la construcción de puentes y otras infraestructuras, estas no supusieron un gran cambio. Generalmente en los territorios del camino había una red de rutas importante, siendo posible muchas alternativas. Por tanto, desde el gobierno se debió preparar cada expedición de forma meticulosa estableciendo los caminos a seguir, contando también con el uso de mapas y guías.

En definitiva, podemos establecer un cierto paralelismo entre el fin del camino español y el de la hegemonía española en Europa. En este sentido, la actitud agresiva de Francia, iniciada a finales del siglo XVI, contra la Monarquía española, con el objetivo de cortar las comunicaciones hacia Flandes, contribuiría a acentuar esa decadencia, al debilitar los lazos que unían a la Monarquía con una de sus posesiones fundamentales. Por lo tanto, el fin del Camino español sería un síntoma de esa debilidad (debida a múltiples causas, problemas financieros, mantenimiento de varios frentes de conflicto), pero también causa, al menos a lo que a la cuestión flamenca se refiere. La importancia vital de esta ruta se pone de manifiesto en las acciones llevadas a cabo por la Monarquía Hispánica con la búsqueda de nuevas estrategias y rutas que pudieran mantener la situación militar y económica de los Países Bajos. Primero la creación de una ruta alternativa por tierra hasta que se vio la imposibilidad de establecerla debido al creciente poder francés; y luego el establecimiento de rutas por mar, a pesar de los riesgos que eso conllevaba, al perder toda alternativa. Por lo tanto, el fin del camino español está dentro de un proceso histórico que comienza hacia finales del siglo XVI y comienzos del XVII, con el fin de las guerras de religión en Francia y el fortalecimiento del poder real. Aquí ya empieza a entreverse un cambio en el orden europeo que se fortalecerá a lo largo del siglo, con una nueva potencia hegemónica en el continente, Francia, en detrimento de la Monarquía Hispánica, abocada a la decadencia.

Tampoco hay que olvidar otros aspectos fundamentales, como el impacto que en esos territorios supuso el paso de las tropas españolas (y una prueba de esto es que aun hoy se conoce en la zona como Chemin des espagnols) tanto a la población como a los gobiernos de los diferentes estados. Y también las implicaciones y novedades que impulsó en los aspectos logísticos, técnicos y organizativos del ejército.

Bibliografía:

  • Parker, Geoffrey, El ejército de Flandes y el Camino español 1567- 1659. Biblioteca de la Revista de Occidente . Madrid, 1976.
  • Parker, Geoffrey, El éxito nunca es definitivo. Imperialismo, guerra y fe en la Europa moderna. Taurus. Madrid, 2001.
  • Strandling, Robert A. La armada de Flandes. Política naval española y guerra europea 1568 – 1668. Cátedra . Madrid, 1992.
  • Martinez Lainez, Fernando. Una pica en Flandes. La epopeya del camino español. EDAF. Madrid, 2007. 
Imagen:

Extraída de  https://commons.wikimedia.org/wiki/File:El_Camino_Espa%C3%B1ol.PNG

viernes, 14 de noviembre de 2014

Los hombres de la quinta monarquía


Entre el gran número de sectas y movimientos heterodoxos que tomaron cuerpo al calor de la Revolución Inglesa (como los ranters, cavadores, cuáqueros, grindletonistas...) se encuentra un grupo conocido como quintomonarquistas u hombres de la Quinta Monarquía (en inglés, fifth monarchists o Fifht Monarchy men). Este movimiento comparte con la mayoría de sectas religiosas de ese momento algunas de sus características, como el activismo militante de sus miembros y su carácter efímero (aunque esto último debe ser muy relativizado; si bien el auge de esta secta se corresponde con los años de la revolución inglesa, a mediados del siglo XVII, podemos seguirle el rastro hasta mucho después). Pero, ¿cuál era la característica fundamental de los hombres de la quinta monarquía? Sobre todo podemos citar su carácter eminentemente milenarista. No decimos, ni mucho menos, que el milenarismo fuera patrimonio exclusivo de los quintomonarquistas. Como ya se ha dicho en clase, el milenarismo no era, ni mucho menos, un elemento ajeno a la mentalidad de los hombres de la Edad Moderna (un antecedente lo tenemos en el joaquinismo medieval) y era una idea que, sin duda, flotaba en el ambiente en aquel mundo trastornado que era la Inglaterra revolucionaria del siglo XVII. Pero fueron los hombres de la quinta monarquía, entre todos esos grupúsculos religiosos, donde esa idea milenarista va a ser, si se me permite decirlo así, llevada a la máxima expresión. Esto se puede observar en su propio nombre, pues el concepto de quinta monarquía ya aparece en la Biblia, dentro de los libros proféticos del Antiguo testamento, en concreto en el libro de Daniel. Veamos, pues, la referencia en el libro sagrado: 


(…) Después de ti surgirá otro imperio, inferior al tuyo, y luego un tercer imperio, de bronce, que tendrá el dominio de toda la tierra. Y finalmente un cuarto imperio, que será fuerte como el hierro; el hierro lo aplasta y pulveriza todo; así aquel aplastará y pulverizará a todos los otros (…) En los días de estos reyes el Dios del cielo hará surgir un imperio que jamás será destruido y cuya soberanía no pasará a otro pueblo. Pulverizará y aniquilará a todos estos imperios, mientras que él subsistirá eternamente (…) Daniel, 2, 39 – 44.

He aquí la referencia bíblica que sustentaba la creencia milenarista de los quintomonarquistas. A petición del rey babilonio Nabucodonosor, Daniel le explica un sueño suyo. El significado, el siguiente: Al imperio de Nabucodonosor (el Neobabilonio), le sucedería un segundo, y a este un tercero, y a este un cuarto; todos ellos precederán a un quinto, el reino de Dios, que será eterno. Esos tres imperios habían sido identificados con el persa, el macedonio y el romano. Y el quinto, el reino de Cristo, era inminente. Para ellos, la situación en la que estaba sumida Inglaterra evidenciaba el momento preapocalíptico en el que se vivía. Signos evidentes, como la ejecución del rey Carlos I de Inglaterra en 1649, de que se avecinaba una nueva era caracterizada por  la segunda venida de Cristo. Vamos a asistir de esta manera a una frenética y prolija actividad por parte de los quintomonarquistas, que van a emplear los nuevos cauces surgidos de la desmembración del orden político. Por ejemplo, el ambiente en el Nuevo Ejército Modelo y la profusa actividad en los círculos niveladores  favorecieron la creación de un caldo de cultivo que permitió la difusión y el arraigo de estas doctrinas. Como vemos, pues, los quintomonarquistas van a lanzarse con pasión, al igual que otros grupos, al río revuelto de las luchas políticas del momento. Dieron su apoyo a Oliver Cromwell, al que consideraban un instrumento de Dios para acabar con los realistas y los eclesiásticos (recordemos el fuerte carácter anticlerical de estas sectas radicales) y acabar con aquella sociedad corrupta, paso previo a la instauración de la Monarquía de Cristo.

 La posterior evolución de los acontecimientos, marcada por la disolución del Parlamento Barebone y la instauración del Protectorado por parte de Cromwell en 1653 supuso una ruptura, pues ello se tomó como una traición, al no cumplirse las demandas de transformación política, social y religiosa que estos grupos radicales demandaban. Por otro lado, la guerra aparece, como no podía ser de otra manera, como herramienta necesaria para cumplir el plan divino. Son normales las referencias a las guerras que arrasarán Europa, conflictos que culminarán con la caída de Roma. Ideas semejantes aparecerán con relación a la guerra anglo-holandesa de 1652. Caeríamos en una torpeza si interpretásemos esta secta disidente como un bloque monolítico y homogéneo. Como algo propio de su naturaleza constitutiva, en el seno de los quintomonarquistas aparecerán diversas interpretaciones y concepciones. Las personalidades individuales tienen, por otra parte, un papel fundamental. Citaremos algunos nombres, sin entrar en materia, pues daría lugar a una extensa monografía, y nuestro objetivo no es ese: Christopher Feake, Vavasor Powell,  John Simpson, Thomas Venner, o Thomas Harrison, entre otros. Individualidades todas ellas muy importantes que consiguieron hacerse un hueco en el amalgama de agitadores y predicadores que surgieron en este momento apasionante.

viernes, 31 de enero de 2014

La economía argentina en el siglo XIX

Para el estudio de la economía de Argentina en el siglo XIX hay que tener en cuenta una serie de elementos y características que la definen e identifican respecto a la de otros lugares de América Latina, y que es necesaria para comprender el devenir histórico del estado argentino en sus primeros momentos.

Por un lado hay que tener en cuenta las características geográficas que conforman el medio argentino: un territorio inmenso, muy poco poblado (por ejemplo, en las zonas rurales de la provincia de Buenos Aires  en 1869 la densidad de población rondaría en habitante por cada 100 hectáreas) en gran medida caracterizado por el aislamiento, debido al escaso desarrollo de los medios de transporte y por la presencia de pueblos nativos. Por otro lado,  la inestabilidad política y la falta de un verdadero poder centralizado durante los años posteriores a la independencia, lo que hace que no podamos hablar de la existencia de una economía nacional integrada.

Debido a ello la economía argentina, en la primera mitad del siglo XIX fue, a grandes rasgos, en gran medida semejante a la que vemos durante el periodo colonial. Hay dos elementos fundamentales en la actividad económica del Río de la Plata, si analizamos el periodo comprendido entre fines del siglo XVIII y principios del XIX, que son el papel del puerto de Buenos Aires como puerta de entrada a la actividad comercial exterior; y el papel fundamental de la ganadería en el conjunto productivo. Si analizamos el comercio exterior del Río de la Plata asistimos al hecho de que la exportación de cueros es fundamental, producto que se complementó junto con otros productos ganaderos como la lana y el tasajo (carne salada).

Para comprender la importancia y el desarrollo que alcanzó la ganadería en estos territorios, hay que considerar algunos factores fundamentales, como la poca de mano de obra necesaria para garantizar la producción, el aumento de la demanda en el contexto mundial, la baja capacidad tecnológica requerida., medidas liberalizadoras en el comercio...

Es significativo el uso al que se destinaba la producción ganadera. En primer lugar, el cuero, destinado a la exportación principalmente, y la carne y el sebo más destinados a consumo local. Estaríamos por lo tanto en la dicotomía entre la economía externa y la economía interna, lo que es todavía un asunto oscuro para los historiadores.

El desarrollo de la ganadería había producido, ya en la época del Virreinato, la necesidad de nuevas tierras, en un proceso de consolidación del ganado estacionado frente al ganado cimarrón, y de los derechos de propiedad privada de la tierra. De ahí se explica la expansión territorial llevada a cabo de forma ininterrumpida a lo largo del siglo XIX. Un hito de este proceso es la conquista del desierto, llevada a cabo por Julio Argentino Roca a partir de 1879, en la cual se derrotó a los pueblos nativos de las Pampas y la Patagonia. Por otro lado, no se puede entender sólo esta expansión territorial como un simple conjunto de acciones militares contra los pueblos nativos, existiendo en ocasiones políticas de alianza y reciprocidad entre los diferentes actores del proceso en un plano local, y que, por tanto, son fundamentales para comprender de forma correcta este proceso de expansión, y, por tanto, las implicaciones de índole económico que tuvo en el conjunto del país.

Por otro lado asistimos a la concentración de la propiedad de la tierra en unas pocas manos. Un hito en este proceso es la ley de Enfiteusis de 1826, por la cual se ceden en régimen de arrendamiento grandes cantidades de tierra que van a parar a unas pocas familias. Esta característica se perpetuará a lo largo del tiempo y será una característica fundamental de la estructura económica del estado argentino. Por ejemplo, en 1937 (es decir, más de un siglo después del proceso de independencia) solo el 1%  de población activa controlaba el 70% de la tierra. Esta situación era común a otros países de América Latina.  El reforzamiento de la propiedad de la tierra significó la represión de la actividad de gauchos y llaneros.

De esta manera, podemos comprobar, a grandes rasgos, la estructura económica del estado argentino durante el siglo XIX junto con sus características propias más importantes. Sin embargo, es necesario para tener una imagen global del sistema productivo argentino tener en cuenta, no solo las grandes explotaciones destinadas a la exportación, sino también el plano más local de la economía, es decir, la producción destinada al consumo interno, y que solía escapar a los grandes circuitos de la economía monetaria. En este sentido el conocimiento de los historiadores en este aspecto es claramente deficitario, ya que no se conoce en gran medida los mecanismos, las dinámicas y la evolución de estos mercados. En el caso de Argentina tenemos la importancia de la ganadería y de la producción de cuero, destinada básicamente a la exportación. Sin embargo, y como ya se ha dicho antes, la carne se destinaba al consumo interno, y no a la exportación. Sólo posteriormente, con los grandes avances técnicos y con la creación de las cámaras frigoríficas, esa producción empiece a destinarse al comercio exterior.

Para conocer esta producción destinada al consumo interno habría que tener en cuenta también otros sectores de menor importancia dentro del conjunto de la economía argentina, pero fundamentales en un plano más local, como podría ser la agricultura o la pesca, y por tanto, importantes para garantizar el sustento de la población. 

Por tanto, es fundamental saber diferenciar entre ambas esferas de la producción económica y no simplificarla reduciéndola a una de las dos esferas, teniendo en cuenta que ambas fueron fundamentales para el desarrollo económico del país. Además, no hay que olvidar las dinámicas económicas locales, no ya de cada país, sino de cada región; en efecto, el desarrollo económico de las distintas regiones tuvo distintos ritmos, funciones o características. Por ejemplo, en la primera mitad del siglo XIX vemos cómo algunas provincias, como Buenos Aires, Corrientes y Entre Ríos crecían económicamente, mientras otras, como Santa Fe, permanecían estancadas. De esta manera podemos ver las diferencias interprovinciales respecto al desarrollo de los diferentes sectores económicos; mientras que hay provincias en las que la producción ganadera tiene una importancia fundamental, en otras provincias la economía estaba más diversificada. Un ejemplo de ello es la provincia de Corrientes. Diferencias también vemos en las redes comerciales que se desarrollaron en las diferentes provincias. Por ejemplo, y esto es significativo, algunas zonas del norte, como Cuyo, Salta y Jujuy, tuvieron un comercio activo con zonas de Chile y Bolivia. Estas diferencias regionales quedan patentes en la gran distancia  entre el desarrollo de la provincia de Buenos Aires y el resto. No es nuestro objetivo establecer las causas ni establecer un estudio pormenorizado de las diferencias locales, pero es importante a la hora de hacerse una idea global de la economía argentina en, al menos, el primer siglo de existencia del estado argentino.

En conclusión, podemos decir que el estado de la cuestión está todavía muy abierto, a pesar de los numerosos trabajos que se han realizado sobre la economía argentina en ese momento. Sin embargo son necesarios estudios en un plano más local, atendiendo a las diferentes factores políticos y socioeconómicos (pues no se puede entender la economía fuera del contexto social y político), pues de esa manera será posible un mejor conocimiento de la economía, tanto en un plano más  regional  o local como en el conjunto del país. De esa manera se comprenderá mejor el proceso de transformación que se dio en las redes comerciales americanas producto de la independencia de las colonias. En este proceso las rutas y ramificaciones del antiguo comercio colonial van a desaparecer, sustituidos por otras nuevas que englobarán un territorio más limitado, dando lugar a un mercado interno que acabará perfilando un carácter más nacional.

 Bibliografía:

-        BANDIERI, Susana (Comp). La historia económica y los procesos de independencia en la América hispana. Asociación Argentina de Historia económica. Buenos Aires, 2010.

-        FERRER, Aldo. La economía argentina. Desde sus orígenes hasta principios del siglo XXI. Fondo de cultura económica, 2008.

-        FERNÁNDEZ, Jorge; RONDINA, Julio César. Historia argentina, tomo I (1810 – 1930). Universidad Nacional del Litoral. Santa Fe, 2006.

-        VV.AA. Historia Universal SALVAT. Tomo 18: América Latina, África y Asia en los siglos XIX y XX. Salvat, Barcelona, 2004.



sábado, 28 de diciembre de 2013

Kerma

Kerma es, junto con Egipto el estado africano más antiguo que se conoce. Se situaría al sur de Egipto, a  partir de la tercera catarata del río Nilo, en la Alta Nubia, donde se levantaría la capital homónima. Tenemos noticias suyas en documentos egipcios (el ruin Kush) y se han encontrado importantes restos arqueológicos, indicando así la existencia de un estado próspero en esa zona. Aunque que se puede rastrear la presencia humana en esa zona desde mucho antes, Kerma viviría su época de esplendor en torno a los siglos XVIII -XVI a.C., coincidiendo con el Segundo Periodo Intermedio de Egipto.  La debilidad egipcia será aprovechada por Kerma para extenderse por el norte, llegando a Asuán. Por el Sur y el Este también dejaría sentir su poder, absorbiendo poblaciones muy heterogéneas.  

El comercio y las actividades agrícolas serían los pilares principales de la economía de Kerma. Sus habitantes levantarían una gran ciudad  amurallada y serían muy influenciados culturalmente por los egipcios, como se puede ver en el uso del cobre para fabricar armas y otros objetos. Ejemplo de esos objetos son los que se han podido encontrar en el ajuar de las grandes tumbas de los gobernantes, donde también se encuentran enterrados parte de su séquito. 

Kerma, sin embargo, perecería, sometida a la presión del Imperio Nuevo Egipcio, (siglos XVI - XI a.C.) Las campañas del faraón Tutmosis I (1506 - 1494 a.C.) dieron la puntilla a Kerma, que a partir de ese momento quedó bajo dominio egipcio.

Bibliografía:

Este texto ha sido escrito tomando como base el libro de ILIFFE, John. África, historia de un continente. Cambridge University Press, 1998. Págs 44 - 45. 

jueves, 22 de agosto de 2013

Imperio Xi Xia


El imperio Xi Xia, Xia occidental,  o imperio Tangut fue un imperio situado en lo que hoy es el norte de la República Popular China, teniendo como centro la cuenca del Ordos, y  que existió desde el  1038 hasta el año 1227, y fue contemporáneo a otros dos grandes imperios, el Kitán, situado en el noreste de China, que fue destruido en 1125 por el pueblo de los yurchen, y el imperio Chino de la dinastía Song meridional, que ocupaba parte del centro y el sudeste de la actual China.

Como hemos dicho, el imperio Xi Xia se funda en 1038 el gobernante de los tangutos, Li Yuanhao, se independiza de manera formal del imperio Song, aunque ya antes los tangutos disfrutaban de una independencia de facto. En 1043 se firma un tratado entre ambas potencias, que lleva a un mutuo reconocimiento, el emperador tangut recibió el tratamiento de hijo por parte del emperador Song y se estableció también el pago de tributos por parte de este. En estos años los kitanes entraron en guerra contra los tangutos, pero el reino logró sobrevivir. Durante los años siguientes, Xi Xia mantuvo activas relaciones diplomáticas tanto con el imperio Song como con el Imperio Kitán (y tras la caída de este con el nuevo reino Jin de los yurches). Sin embargo el equilibrio se rompería cuando apareciera un nuevo actor en la zona, los mongoles, que, bajo el mando de Genghis Khan, atacaron Xi Xia y Jin. Xi Xia se convirtió así en un reino vasallo de los mongoles hasta 1224, cuando se alía con los yurchen contra los nuevos invasores. La guerra que siguió fue fatal para Xi Xia, que desapareció como reino en 1227. 


En cuanto a la sociedad, los tangutanos eran seminómadas. El comercio fue fundamental para ellos pues por su territorio pasaban las rutas comerciales hacia el centro de Asia, rutas que se conocen con el nombre genérico de Ruta de la Seda, Su religión principal era la budista y estaban muy influenciados culturalmente por el Tibet y China. Su lengua era el tangut, e idearon una compleja forma de escritura que sólo ha podido ser descifrada en parte.



Bibliografía:

- DOVAL, Gregorio. Breve historia de China milenaria. Madrid, 2011. 

- FRANKE, Herbert, TRAUZETTEL, Rolf. El imperio chino. Historia Universal siglo XXI, volumen 19. Madrid, 1973.

- MOTE, Frederick W. Imperial China, 900 - 1800. 1999.


(fotografía tomada de http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/b/ba/Song-Liao-Xixia-1111.png)

miércoles, 7 de agosto de 2013

Thomas Becket

Asesinato de Thomas Becket en una miniatura medieval

Son sobradamente conocidas las luchas y los conflictos que se dieron entre la Iglesia y el estado (con todos los matices que se quieran hacer sobre el uso de ese término en ese momento histórico) durante la Edad Media europea. El ejemplo más significativo es, quizá, el de las rencillas y conflictos entre el papado y el imperio, con episodios sonados como la querella de las investiduras. Pero en esta ocasión vamos a hablar de un caso, también muy conocido, que en su momento conmocionó a Europa. Nos estamos refiriendo al conflicto entre el rey de Inglaterra Enrique II (1133 - 1189)  y al arzobispo de Canterbury, Thomas Becket, conflicto que acabó con el asesinato de este último. 

Enrique II subió al trono en el año 1154. A pesar de su juventud, Enrique, desde el principio, fue un rey enérgico que luchó por restaurar la autoridad real en un país que había sufrido conflictos y desórdenes durante el reinado de su antecesor Esteban, y en el que la nobleza había conseguido mucho poder. En este contexto Enrique puso en marcha una serie de medidas para restaurar el poder real; destruyó castillos nobiliares, extendió los tribunales reales...(además, por su matrimonio con Leonor de Aquitania consiguió importantes feudos en Francia, extendiendo ampliamente los dominios territoriales de la monarquía).  En su labor contó con la ayuda de un joven, hijo de comerciantes,  muy capaz, Thomas Becket. Enrique lo nombró canciller del reino y en 1162 lo promovió al arzobispado de Canterbury.  Si embargo, desde su nueva posición Thomas  se convertiría en un ardiente defensor de los privilegios eclesiásticos frente al poder real. Enrique buscaba la sumisión de la iglesia ante la monarquía, y tomó medidas contra las prorrogativas y privilegios del clero. Por ejemplo, quería hacer que el clero estuviera sujeto a la jurisdicción real, algo sancionado en las Constituciones de Clarendon (1164). Eso supuso la ruptura definitiva de Enrique con Becket, que huyó a Francia, donde continuó mostrando una activa oposición al monarca. La reconciliación de ambos hombres tuvo lugar en 1170, gracias a la mediación del papa Alejandro III. Gracias a ello Thomas volvió a Inglaterra. Sin embargo esta reconciliación no duró. Ese mismo año tuvo lugar la coronación de Enrique, heredero de la corona, ceremonia que Enrique encargó al obispo de York. Esto fue una gran ofensa para Becket, que excomulgó al monarca. El 29 de diciembre Becket es asesinado por cuatro caballeros adictos al monarca (después de que este, supuestamente, hubiera gritado en su presencia ¿Es que nadie es capaz de librarme de este clérigo inoportuno?).

El asesinato de Thomas Becket levantó una gran conmoción en Europa. El arzobispo asesinado fue nombrado mártir de la fe por la Iglesia y su canonización se puso en marcha. Enrique II se lamentó y condenó públicamente el asesinato, y visitó como penitente la tumba de su antiguo colaborador. Por otra parte, abolió las Constituciones de Clarendon, fuente de la polémica, aunque posteriormente consiguió reforzar el poder real frente a la Iglesia. 

Bibliografía:
- LOYN, H.R (ed). Diccionario Akal de historia medieval. Madrid, 1998.
- VV.AA. Historia Universal SALVAT. Tomo 11: Baja Edad Media y Renacimiento. Barcelona, 2004.

(imágenes extraídas de http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/4/43/Thomas_Becket_Murder.JPG y http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/f/fa/King_Henry_II_from_NPG.jpg)

martes, 30 de julio de 2013

El Imperio Mogol (II)

El Imperio Mogol hacia el año 1700
Taj Mahal
Entre los sucesores de Akbar  podemos destacar a Shah Jahán (1628 – 1658), que construyó el famoso Taj Mahal como mausoleo de su esposa Mumtaz Mahal, fallecida a dar a luz a su decimoquinto hijo. Pero Shah Jahán acabaría siendo destronado y encarcelado por su hijo Aurangzeb (1658 – 1707), que además mandó degollar a sus hermanos, buscando así acabar con toda oposición a su poder . Con Aurangzeb triunfarían los sectores más intolerantes del Islam. Empezó desbaratando las reformas en materia de religión que inició su antecesor Akbar (restableciendo el pago de la jizya para los no musulmanes, poniendo trabas a los hindúes a la hora de practicar su religión e incluso destruyendo muchos templos suyos). Durante su reinado el Imperio Mogol alcanzó su máxima expansión, pero también se tuvo que enfrentar a importantes problemas, como sublevaciones en diversos puntos del Imperio, protagonizadas por numerosos sectores descontentos por su política religiosa o por la presión fiscal. Destaca sobre todo la guerra contra los marathas, que crearon un estado muy poderoso. La debilidad del ejército mogol frente a sus enemigos y los problemas económicos también contribuyeron a la decadencia del imperio.  Esta decadencia va a ser patente después de la muerte de Aurangzeb, que fue sucedido por una serie de emperadores débiles en un clima de agitación y desórdenes. Los mansabdars (funcionarios que ostentaban el mando militar) formaron facciones apoyando a los diversos pretendientes al trono.  En 1739 Delhi, la capital, fue saqueada por las tropas del sha de Persia, Nadir Shah, y volvería a sufrir nuevos saqueos, como en 1761 y 1788. En esos años la autoridad imperial quedó reducida a poco más que a Delhi, mientras que la India era dominada por nuevas potencias, como la Confederación Mahrata, y más tarde, por los británicos, a través de la Compañía Británica de las Indias Orientales.  Estos acabaron haciéndose con el control de toda la India. El Imperio Mogol siguió existiendo de forma nominal hasta 1858, cuando, después de la rebelión de los cipayos, los británicos deponen al último emperador, Bahadur Shah II, poniendo punto y final al Imperio Mogol. 

Bibliografía:

-DELGADO DE CANTÚ, Gloria M. El mundo moderno y contemporáneo I. De la era moderna al siglo imperialista. Ciudad de México, 2005.

- ROBINSON, Francis. El islam. Revelación e historia. Barcelona, 2002.